Estilo Chianti
Sí, es cierto, hoy se producen buenos vinos en todo el mundo.
Pero pocos vinos en el mundo pueden ser llamados con un nombre propio tan reconocible e inequívoco. «Su fama lo precede» habrían dicho los antiguos.
«Chianti», dicen los expertos, es estadísticamente una de las diez palabras italianas más conocidas en el mundo, junto a «Mamma», «Pizza», «Ciao», «Amore»… entre las palabras familiares y especiales que, cuando son pronunciadas incluso desde el más remoto rincón de la tierra, traen a la mente lugares, aromas, sabores y sonidos, bien marcados en el imaginario colectivo.
La palabra Chianti es una especie de particular “abracadabra” del vino: no llegas a cerrar los ojos y decirla, que la magia se produce.
Dices Chianti y piensas en Toscana. En sus colinas encantadas, en sus curvas suaves y maternales, en sus viñedos y en sus cipreses. Dices Chianti y recuerdas la Historia y la Cultura: las ciudades de arte, la música, la literatura, el cine y la dolce vita italiana. Dices Chianti y piensas, ineludiblemente, también en la cocina y en el vino. Tinto, intenso.
Se viaja estando quietos cuando se pronuncia esta palabra.
Casi no se la pronuncia, ¡se la invoca! El Chianti es un himno a la vida, una oda a la belleza descalza y benévola de la Naturaleza: no se dice Chianti, se desea Chianti.
«¡El Chianti existe!»
Con seguridad lo has bebido al menos una vez, o lo han hecho tus padres o tus abuelos. Entonces, si lo piensas bien, también tu vida se ha cruzado con la de nuestro vino, en algún momento: él estaba allí, pero tú no lo notaste.
“¡El Chianti es una idea, no existe!”
Es como un sueño en el cual habitar el tiempo con unos sorbos, para luego desvanecerse dejando un hermoso recuerdo.
El Chianti es como un signo, un jeroglífico universal, un esperanto primordial de la tierra en el que todos se reconocen instintivamente. Los cipreses son nuestros obeliscos; las bodegas, nuestras catedrales.
